Kimonos de invitada para mujer

Pocos complementos hacen lo que hace un kimono de invitada: añadir presencia sin restar comodidad, tapar lo justo sin parecer cubierta y completar un look que en otro caso podría quedarse a medias. Es la pieza que parece un detalle y acaba siendo la que más define el conjunto.

Se lleva de dos formas. Como pieza principal sobre pantalón de vestir o vestido sencillo, el kimono aporta el vuelo y la personalidad que el resto no tiene. O como capa ligera sobre un look ya terminado para las horas de ceremonia o de más frío. En ambos casos queda como una elección, no como un parche.

Lo que lo separa del chal o la americana es que no interrumpe la silueta. El vuelo sigue, los colores del conjunto se ven y la sensación es de un look pensado desde el principio, no de algo añadido a última hora.

Para las bodas con ceremonia religiosa, un kimono de boda invitada resuelve el tema de la cobertura sin tener que recurrir a opciones que no terminan de encajar. Se lleva durante la misa y se quita para la celebración. Sin que eso suponga llevar dos looks distintos o cargar con ropa que no cabe en el bolso.

El tejido hace mucho en este tipo de prenda. Un kimono en gasa, georgette o satén ligero cae bien, no acalora y se dobla en el bolso si deja de hacer falta. Los modelos con lentejuela, bordado o detalle en el borde son los que dan más presencia con el mínimo gesto. Y algunos se llevan también como vestido kimono si se cierran con cinturón.

El precio tampoco complica las cosas. Un kimono de invitada no necesita ser una inversión: hay modelos muy asequibles con buena presencia, y otros con más elaboración para quien quiera algo más especial.